Gabi Golub

Ayee-lemm-hua

ceremoniaakierirAyee-lemm-hua

Por debajo de la manta algo empieza a moverse, como si la gata estuviera ahí pero se que no es la gata, y pienso que debe ser un gnomo. Lo que sucedía era simplemente que querían que me enfocara en ese punto. Parecía que la frazada cobraba vida.

Me hacen fijar la vista en uno de los circulitos del estampado, me hacen acercar o ampliar la visión, con suavidad. Siento una delicada y emocionante sensación física en todo el cuerpo y una brisa apenas tibia en la frente. Veo un mandala, y dentro, una escena dibujada con tinta sepia, como un friso, y la escena cobra vida cuando miro de esa manera con la visión ampliada, y me muestran que yo tengo que hablar en primera persona como si estuviera ahí, para transmitir todos los conocimientos de esa época. Fue muy impactante y nítida toda la transmisión.

Cuando la imagen se agranda, esto es lo primero que veo:

Hay una mujer sentada en una silla. Entendí que yo debía prestar mi voz para hablar en primera persona en nombre de ella.

Detrás de ella hay una persona parada, que está acicalándola, o atendiéndola de alguna manera.

Hay otra persona sentada frente a ella, con otra persona detrás, tal vez sean guardias o sirvientes, lo que indica que esta mujer es un personaje de alto rango.

Luego me percibo sentada en la silla, y por eso a partir de ahora el relato continúa en primera persona:

 

Me llamo Ayee-lemm-hua

Si, mis joyas de turquesa son abundantes. Mi piel es oscura, y mate. Mi sonrisa blanca, radiante, mi cabellera negra y muy lisa está peinada elegantemente con cuentas de colores y plumas. Mis collares son pesados, y hace calor. Mis brazos están desnudos y son delgados, y la tela de mi vestido es de algodón puro, bordado con vivos colores y festoneado en los bordes rectangulares, también llevo unos pesados aros dorados, con forma de medialunas, con incrustaciones de turquesa. Todo es pesado, pero no me afecta. Sonrío, me siento bien. La persona que está frente a mí que ha traído ofrendas en forma de frutos y unos polvos aromáticos de diversos colores que están en vasijas a nuestros pies. Me ha traído también noticias agradables, el nuevo ciclo lunar amanecerá con brillo para mí, porque esta luna roja traerá suerte a mi matrimonio, y los dioses me bendecirán con un hijo. Tengo que pisar fuerte mis sandalias para contener la ansiedad. Los movimientos rápidos y abruptos están muy mal vistos en la corte y yo ansío ir a decirle a mi marido la nueva noticia. Tengo que esperar con paciencia que el consejero termine de explicarme las tablas de las lunas del mes, para que yo preste atención al día en que el niño llega. Siempre tenemos en cuenta esa fecha, que es muy importante para determinar su destino, así sabremos si será un guerrero o un pacificador, un maestro que iluminara las mentes de los ignorantes, o uno que solo enseñará en forma secreta a nuestra jerarquía. Es importante ser precisos en eso, así que deberé estar atenta, y por eso me explica con exactitud cada luna, y cada encantamiento de este mes y de esta semana. Debo prestarle atención y es un gran esfuerzo. Cuando por fin le veo listo para irse, le suplico que venga de nuevo esta semana a reforzar mis conocimientos. Soy conciente de mi distracción, pero no debo demostrarle mi debilidad.

Una vez libre, camino todo lo lento que me es posible, inclinado mi cabeza y sonriendo, hasta llegar a la recámara del rey. El está tendido en su lecho, aún los chamanes no pueden detectar como detener su grave enfermedad.

De pronto un frío helado me corre por la espalda, porque acabo de comprender lo que el astrólogo trataba de explicarme, el me estaba indicando las lunas porque yo debía elegir la fecha apropiada, para evitar contagios, para determinar los mejores auspicios para el heredero, porque su mejor fortuna será la de toda la nación.

El peso de la responsabilidad casi me hace desplomarme. Me siento y respiro para calmarme. El ya percibió mi presencia, en medio de su fiebre, y si me voy rápidamente, se sentirá ofendido.

Me inclino y lo bendigo, susurrándole su nombre al oído, para que sepa que soy yo, que lo amo, que seré siempre su esposa, hasta el fin de los días.

Comprendo que es lo que en realidad me abruma, imagino que el chaman dictaminó que no vivirá, y es por eso que se apura a buscarle un heredero.

No puedo soportarlo más y voy a mi habitaron para llorar con amargura. Quisiera que mis lágrimas fueran más pesadas que mis joyas, para que los dioses las tomaran como una ofrenda valiosa. Los sirvientes se sienten apenados al verme pero no se acercan, no pueden tocarme sin mi autorización y no se las doy. No deseo que me toquen, no deseo que me miren, no deseo que estén aquí, no deseo vivir tampoco. Si mi amado esposo se retira de este mundo, yo no deseo estar aquí. ¿Quién criará a mi niño mientras yo lo esté llorando?, el reino estará en peligro y yo que haré, si nos invaden, de seguro morirán todos, yo no sabría dirigir el ejército y no confío en nadie para hacerlo, no confío.

Esperaré la mañana para pensar con claridad, Aviso a todos que voy a retirarme, me ayudan a cambiarme y me recuesto, mirando la luna que esta tan blanca, tan gigantesca por la ventana…

 

 

Al despertar, envió a llamar al chaman. Me inclino ante su presencia. Es un hombre orgulloso y hosco y no le gusta dar muchas explicaciones. Me inclino porque a él no le gusta sentirse inferior a mí, el cree que las mujeres somos inferiores así que me inclino aunque sea una reina.

Machi, le pido por favor que cure a mis esposo, -no puedo hacerlo si los dioses no lo permiten-.

¿Y porque no lo permitirían?

Pienso…algo no ha sido bien hecho… trato de recordar la última pelea, si hubo una matanza, si mataron algún niño, si quemaron un sembradío, no puedo saberlo, no voy con ellos cuando parten a la guerra. Pero tenía entendido que mi esposo siempre sigue las leyes, que traía a las victimas al templo para que les quitara el corazón y así satisfacer a los dioses, y que siempre lo hacía, ¿o tal vez alguna vez no lo hizo? El machi se incorpora, ahora nervioso, y mira por la ventana, dándome la espalda, ¿no lo hizo? No sé porque me viene a mi mente la imagen de una sombra furtiva, pasando frente a mi ventana, envuelta en abundantes mantas.

-¿el salvó a la última doncella?

-Si lo hizo

– ¿porqué?

-era muy bella,

-¿era?

-había que matarla de todos modos. Pero tuvimos que hacerlo sin su consentimiento y eso…

Con un gesto despide a todos del cuarto.

-Te diré un secreto, mereces saberlo:

La doncella debía ser sacrificada, era virgen, era una prisionera de guerra, y había sido señalada por los dioses.

Pero el decidió ocultarla y salvarla. Le prometió que la protegería, y ella permaneció junto a él en su lecho cada vez que la llamaba.

Cuando el rey enfermó, entendimos que era una clara señal del error que había cometido, del enojo de los dioses y había que matarla rápidamente y ofrendar su corazón para que los dioses nos perdonaran. No parecen hacerlo hecho. No ha llovido, los plantíos se secan y no habrá maíz este año.

El rey tal vez muera, y no tiene un heredero, por eso envié al astrólogo a hablar contigo para que te explicara.

-No recuerdo bien las indicaciones, tendrá que reunirse el consejo de astrólogos. Prefiero que me den una fecha precisa. No me siento capaz de elegirla yo misma.

-Está bien, lo haremos, pero antes, debes hacer algo más.

Tal vez si tú haces un ritual con las sacerdotisas, las diosas… te escuchen y puedas salvar la vida del rey.

-Si lo haré, ya mismo.

Las asistentes prepararon todo, y subí al monte a buscar las flores más blancas y grandes.

Contra la tierra rojiza las flores resplandecían, y titilaban las que debía cortar. Hice un gigantesco ramo, y descendí hacia el templo. Uyi-máa ya estaba allí. Tres doncellas me bañaron y me pusieron ropas más delgadas. Mis muslos se transparentaban al caminar. Pero este era un santuario femenino y nadie que no estuviera autorizado podía entrar. Desde el principio de los tiempos las mujeres habíamos practicado una serie de rituales secretos, jamás conocidos por los hombres, preservando el culto a la diosa y a la tierra.

 

Me puse el manto y dirigí la ceremonia. Todas cantamos y en medio del dolor y la tristeza que había sentido estos días, me encontré entonando, reconfortada, calmada, y feliz. En silencio todas esperaron mi oráculo. Habitualmente Uyi-máa era el oráculo de este templo, pero cuando yo estaba me cedían el honor de presidir la ceremonia y de dictar los mensajes. Vi una fuerza de color blanco inundando todo el templo y mi persona en particular. Sentí una oleada de dulzura y amor en el corazón y una voz que decía: “ No más guerra, no más matanzas, no más sacrificios. El amor de tu corazón, el servicio a la tierra, el cultivo de las semillas, ese es el nuevo camino”

Todas sonrieron en trance entre los vapores del incienso

-¿pero qué dirán los hombres?-“Los hombres no reinarán, tu reinarás”

Esto no es posible…

Decidí que ayunaría hasta la próxima luna y dormiría en el templo, hasta que me fuera revelada la verdad, para no ser engañada por espíritus falsos que quisieran confundir a mi tribu.

 

Envié el mensaje al machi, y también a mi marido, aunque tal vez el no lo oiría. Ofrendé este sacrificio para que él se curara, y para que el poder del amor y la paz reinaran de aquí en más.

Me quedé todos esos días y noches en el templo. Me respetaron; venía una asistente para velar por mis necesidades, pero no me hablaba.

Transcurrido el tiempo propicio, tuve una visión: Una gran cantidad de guerreros rojos, de ojos negros y brillantes, atacarían nuestro pueblo y seríamos diezmados.

Luego otro grupo, más guerreros, con vestiduras de plata, mataría a ese pueblo también, y solo quedarían un puñado de sobrevivientes de su raza y de la nuestra, que deberían preservar el conocimiento. Mi guía me decía que yo no debía sentir pena por esta visión. Esta era una profecía que hablaba del ciclo de los tiempos, nuestro tiempo llegaba a su fin, habíamos estado tiempo suficiente en la tierra, y ahora debíamos trasladarnos a otro lugar.

Estaba todo preparado para nosotros, seriamos bendecidos y homenajeados y seríamos muy felices. Mi guía me mostró la puerta por la que pasaríamos. Y agregó una indicación: debíamos detener las matanzas, guerras y sacrificios, para purificarnos y que nos permitieran pasar.

Nuestro pueblo había entrado en decadencia por su naturaleza belicosa. En un tiempo era lo correcto vencer a los enemigos. Ahora, tomar territorios de otros pueblos y aniquilar a las personas que vivían en ellos, se había convertido en una matanza indiscriminada de niños y mujeres. Los hombres de mi marido, borrachos y enceguecidos, no respetaban a nadie, violaban a las esposas, quemaban los techos de las casas, orinaban en las paredes, y destruían los templos.

(Yo pensé que me había hecho la ciega durante toda mi vida, porque esto era así desde que yo era niña)

La diosa continuó “Tú debes dejar un legado para los pueblos futuros, porque en este territorio vivirán muchas personas, algunas malas, otras buenas, y tendrán otros dioses, y otras armas, y matarán también muchos niños y ancianos, y no sabrán cómo detenerse. En la llegada del 7º rayo, ellos sabrán que se acerca el fin, y algunos verán la puerta, que será blanca y estará coronada por una llama violeta. Algunas mujeres la verán, y tal vez algunos hombres. Pero no podrán atravesarla como pueblo si no están preparados, si ellos continúan la matanza no pasarán como nación, solo pasarán los elegidos por Dios. En cambio si se pacifican y retornan al camino del amor, podrán pasar en grupos numerosos y ser alabados, y una nueva Tierra se creará bajo sus pies, y los árboles quemados reverdecerán y los arco iris brillarán en torno a los arroyos y los verdes prados.

Este es un mensaje para gentes que vendrán dos mil años después, así que debes pintarlo, para que puedan encontrarlo, antes de partir.”

¿Yo partiré?

-“Si amada niña, pero no ahora. Primero se irá tu marido, luego tú tendrás muchos años para gobernar y enseñar al pueblo lo que deben cambiar. Si te obedecen serán salvados y pasaran por la puerta, si no te obedecen morirán, y solo los que yo marque en la frente podrán pasar ¿tú me obedecerás sin llorar?”

-Si

“Prende incienso para purificar tus pensamientos.”

Así lo hice, y sellé la entrada del templo para que nadie me molestara hasta terminar de escuchar.

“Bien, ahora, debes decirle al machi que harás lo correcto (de esa forma no mentirás, y al mismo tiempo protegerás tu vida)

No busques niños, porque te contagiarás y además no debes tener un niño, tú debes gobernar, pide a tu marido la bendición, que frente a todos te pase la pluma real”

–Así lo hicimos…—

Durante algunos años, me dediqué a enseñar a las mujeres primero y a los niños después Las madres enseñaron a sus hijos, y cuando todos los viejos guerreros habían muerto, nuestro pueblo conoció la paz. Los niños se habían convertido en jóvenes valientes, que no blandían armas, aprendían a labrar la tierra junto a los campesinos, transportaban los hilados para sus mujeres, las ayudaban cargar el agua, y construían cabañas para los más ancianos. y demás. Todos sonreían y cantaban. Yo pensé que los dioses estarían contentos con nosotros y que el destino se torcería, vana esperanza, los hombres rojos llegaron desde el oeste, sedientos de sangre.

Por un momento dudé de mi visión, porque mis jóvenes no sabían pelear, no sabían siquiera tomar un arma.

Me senté a rezar y en un segundo recordé lo que tenía que hacer, yo sabía dónde estaba la puerta, y hacia allí me dirigí, llevando a todos conmigo, y nadie quedo atrás, nadie. Cuando ellos descendieran de la colina, encontrarían un pueblo vacío. No quemamos los campos. Les dejamos la comida, porque no queríamos pelear con ellos, queríamos su felicidad. Así que les dejamos todo, incluso nuestros códices y escritos, nuestros oráculos y nuestras matemáticas para que lo gozaran en paz. Nosotros esperaríamos la rueda del tiempo, hasta que yo tuviera que volver a enseñar a las nuevas mujeres, como pacificar la Tierra.

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